Derecho al pataleo

Estamos atravesando un momento difícil, es un hecho. Y paradójicamente no se nota demasiada tensión en las calles. Puede que la gente comente que “se tiene que liar”, o que debatamos cuántos millones de personas han de estar en paro para que estalle la revuelta social. Es posible que nuestro presente sea como una botella de gaseosa agitada pero que mantienes cerrada pero ¿realmente estallará? ¿Llegado el momento, la gente se levantará o decidirá resignarse y bajar la cabeza? ¿Podría España vivir una situación similar a la que se ha producido estos días en Grecia?

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Todo llega

Ya tengo entre mis dedos un papel que me certifica como  licenciada en Historia, y la verdad es que ha sido cerca del final cuando he descubierto que realmente,  es una carrera que me encanta. Entré por inercia, rebote, casualidad y descarte, todo hay que decirlo. Tras sufrir intentando aprobar las asignaturas de ciencias en bachiller, descarté ser alguna de las cosas que siempre quise y echando a suertes lo restante caí en Historia.
Al principio no me gustaba demasiado, pero luego…
Quién me iba a decir a mí, cuando siendo una niña jugaba al “arqueologicnova” con mi padre, que diez años después participaría en excavaciones de verdad. Que sabría lo que se siente al ser la primera que ve y toca tras miles de años una vasija, una moneda o un brazalete. Quién diría que acabaría leyendo los yacimientos, viendo las paredes, puertas y suelos, que formaría parte de una recreación histórica, y durante unos días sería celtíbera, iría con vestido, lucharía con falcata ibérica y bebería en vasijas de barro.
Cómo me iba a imaginar que aprendería a distinguir una raedera de un raspador y el nombre de nuestros ancestros. Que un día entraría al Museo Arqueológico Nacional y me emocionaría, incluso antes de mirar a los ojos a la Dama de Elche.
Jamás pensé que estudiar esta carrera te hacía sensible a tantas, tantas cosas. Te hace agarrarte a los barrotes que te separan de los restos de los Reyes Católicos sintiendo auténtica devoción y respeto, pasear por las calles de Granada “viéndolos” en todas partes, o sentirte inmensamente pequeña en el centro de la Cripta Real, en el Monasterio del Escorial.
Sin duda te abre los ojos y empiezas a leer de otra forma. Inscripciones, arcos, puertas, cuadros, libros, iglesias…todo es capaz de decirte algo, de darte información.
Y acabas sintiendo una especie de admiración hacia gente que jamás conociste, pero de la que sabes tantas cosas…
En fin, que aún no sé a qué me acabaré dedicando. Pero me gustaría llevar la Historia a otra gente, chavales o no, y que descubriesen, al igual que hice yo, que nuestro pasado ha forjado todo lo que ahora somos y tenemos, desde la lengua que hablamos hasta la religión, pasando por nuestra cultura, forma de vestir e incluso los rasgos físicos. Y que sólo conociendo dicho pasado se puede llegar a valorar el presente y a cuidar el futuro.
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Amor libre

Hacía mucho que no pasaba por aquí. Tal vez demasiado.
Mi portátil sufrió una avería que lo mantiene fuera de servicio y yo una caída que pese a esperar la opinión del traumatólogo,  creo que me dejará fuera de combate por un tiempo. Si a todo esto le añadimos que en unas semanas me examinaré del que puede ser el último examen de la carrera, mi ausencia queda más que justificada (así como la deuda kármica que debo arrastrar).

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En uno de los libros que cambiaron mi forma de ver el mundo, refiriéndose al “Amor libre”, encontramos este párrafo:
Hablar de amor libre es casi una tautología: el amor sólo puede ser libre, por definición. Si no lo es, hablamos de otro tipo de sentimiento, pero no de amor. Eso es lo que debemos aclarar en nuestro interior. El amor no se corresponde con el matrimonio, ni con la fidelidad, ni con la posesión, ni con la dependencia, ni con la compasión, ni con el sacrificio, ni con el dolor, aunque en alguno de esos estados pueda habitar amor. Se trata de una decisión personal (no reglamentada externa ni internamente) de vincularse a determinados seres humanos, en el tiempo, número e intensidad que la capacidad individual otorgue. vínculos que sólo pretenden el desarrollo y el placer de las personas implicadas, un paseo conjunto por la vida para enriquecerla, una experiencia inigualable e alteridad. Experiencia por la que vale la pena intentar la ruptura e inventar otros mundos, aunque aún no conozcamos las palabras que les dan nombre.”
Berbel Sánchez, S. “Sin cadenas: nuevas formas de libertad en el s. XXI”, pág. 37

Siempre quise escribir este fragmento en mi blog para que estuviese al alcance de todos vosotros. Para mí, refleja exactamente lo que es el amor, tal y como lo siento. Se podría decir que es parte de mi filosofía de vida, yo no sufro por amor.
El problema es que sólo una minoría es capaz de sentir y amar de esta forma. ´
Últimamente pienso mucho en el amor, las relaciones, la fidelidad y el compromiso. Pienso en la lucha (interna y externa) que emprendemos en ocasiones para seguir un sentimiento que vemos absolutamente nítido en lo más profundo de nosotros. Lucha especialmente complicada cuando alguien de tu mismo sexo resulta ser la persona que eliges para que te acompañe durante el resto de tus días.
Sin embargo, pese a las dificultades que se nos presentan a todos en el transcurso de nuestras relaciones, aquí seguimos. Algunos con la misma persona, otros con otra que se acercaba más a nuestro concepto de “compañero/a de vida”. Y es que el amor, al fin y al cabo, es el motor de nuestra existencia. Nos pasamos la vida amando y ello nos lleva a crear pequeños seres que pasarán sus vidas enamorados para continuar la infinita cadena de la existencia.
Para ilustrar este post he escogido uno de los muchos carteles que diversos voluntarios están haciendo para la web: http://sellamamatrimonio.es/ y que hace un llamamiento a la importancia que tiene que la unión de dos personas, independientemente de su sexo, lleve ese nombre. Si nuestro amor es igual, ¿nuestra unión por qué ha de ser distinta?

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Dilemas morales

Últimamente tengo bastante tiempo libre y me ha dado por un libro en el que se usa la filosofía como una vía para entender la política, la religión, la moral, o incluso nuestras propias convicciones. Como el libro es tan denso que daría para decenas de debates, hoy me voy a centrar en lo que creo que es la base: los dilemas morales.
En primer lugar, os planteo uno de ellos.
Conducís un tranvía lleno de pasajeros al que se le han roto los frenos. No veis forma de frenar y de repente frente a vosotros, trabajando en la vía, se encuentran cinco obreros. También os dais cuenta de que hay un apartado a un lado, hacia el que podéis dirigir el tranvía, y en el cual hay un hombre. ¿Qué hacéis?  Seguramente todos penséis que lo correcto sería desviar el tranvía, porque siempre es mejor matar a uno que matar a cinco.
Estaría justificado.
Ahora cambiamos la versión de la historia. Veis el tranvía llegar, notáis que va sin frenos pero sois meros espectadores sobre un puente desde el cual se ven las vías. No hay zona para apartarse. El tranvía está a punto de atropellar a los cinco trabajadores, y os dais cuenta de que en el puente, hay un hombre obeso que, de precipitarse sobre la vía, haría frenar al tranvía, salvando así a los cinco trabajadores. Para ello es necesario empujar al hombre a las vías. Te tirarías tú, pero eres delgado y no lograrías frenar el aparato.  ¿Se debería tirar a las vías al hombre corpulento? Seguro que ahora pensáis que no.
Es posible que aquí, la diferencia moral resida no en las consecuencias, pues ambas víctimas morirán, sino en la intención del que decide.  No es lo mismo que “la máquina” mate a un hombre que seamos nosotros los que empujemos a uno. Se enfrentan así dos convicciones morales: es mejor que muera uno a que lo hagan cinco, pero no se debe matar a una persona, sea cual sea el fin.
Es solo un ejemplo que ilustra cómo nuestra razón nos presiona a la hora de encontrar diferencias convincentes en un caso y en otro, con el fin de justificar nuestra elección. Seguramente ninguno de nosotros tenga que tomar una decisión así a lo largo de su vida pero lo que sí es cierto es que en las sociedades democráticas la vida está llena de desacuerdos sobre lo que está bien y lo que no, sobre lo justo y lo injusto.
Hay gente que cree que el aborto es un derecho  y otra que lo ve como un asesinato. Algunos rechazan la tortura a los sospechosos de ser terroristas y otros lo ven una defensa contra un posible ataque. Las elecciones se ganan y pierden por estos desacuerdos y eso es debido a que nuestras convicciones morales no están fijadas de forma definitiva ni por la fe, la educación,  ni nuestra edad. A veces un argumento puede cambiar nuestras ideas.
Vivimos rodeados de filosofía, y la reflexión moral se vuelve política cuando se pregunta qué  leyes gobernarán nuestra vida colectiva. Cuando debatimos a cerca del matrimonio homosexual, el servicio militar, la desigualdad o el aborto, lo que estamos haciendo es expresar y justificar nuestras convicciones morales y políticas, no sólo en la intimidad de nuestro hogar, sino con todos los demás ciudadanos.
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¿Y tú qué sabes?

“En el comienzo fue el Vacío colmado de infinitas posibilidades de las cuales tú, eres una.”
Con esta frase comienza una película que intercala entrevistas a diversas personas, por lo que cuando la ves, parece más un documental. Se titula ” Y tú qué sabes” y su argumento gira en torno a la física cuántica, y con algunas nociones básicas insinúa que la conciencia puede modificar nuestra realidad material.  He de decir que algunos científicos han catalogado los argumentos de esta película como erróneos y la encuadran dentro de la pseudociencia. Sin embargo, sean acertados sus planteamientos o no, lo cierto es que formula algunas preguntas que nunca antes me había planteado y le dan ese toque “asombroso” a nuestra existencia.
¿Qué es la Realidad? ¿Hay alguna diferencia entre el modo en que sentimos el mundo y el modo en que realmente es? Muchas veces me había preguntado algunas cosas básicas de esta pregunta. Por ejemplo: los colores. ¿Realmente existen los colores tal y cómo los vemos, o es que simplemente es lo que nosotros podemos apreciar? Teniendo en cuenta que hay personas daltónicas, animales que ven en blanco y negro, que ven otra realidad, ¿qué hace que la mía sea la “auténtica”? Y rizando más el rizo: Si el color se forma cuando el objeto es iluminado y absorbe algunas ondas electromagnéticas y refleja el resto, ¿eso significa que si apagamos la luz y no hay ondas que absorber, los objetos carecen de color y por eso “no vemos”? ¿Significa que el azul es azul, o que es azul porque nuestro ojo está diseñado para ver de ese modo, pero que realmente, no es azul? Lo mismo estoy desvariando demasiado pero a mi me parecen cuestiones tan interesantes, que me emociono.
¿Por qué recreamos siempre la misma realidad? ¿Por qué seguimos teniendo las mismas relaciones,  los mismos trabajos una y otra vez, cuando existe un mar infinito de posibilidades a nuestro alrededor?  Esta es otra de las cuestiones que plantea la película, y también me lo había planteado alguna vez, sobre todo en lo que respecta al mundo de las relaciones personales. Tal vez pensemos que es la “realidad” la que determina nuestros actos y nuestras posibilidades y olvidemos que somos nosotros los que creamos nuestra realidad. Creo que el poder del pensamiento está aun infravalorado y que algún día se descubrirá que tenemos un gran poder oculto.  Nos han condicionado para creer que el mundo externo es más real que el mundo interno, ¿pero quién dice que el externo no es más que el reflejo de nuestro mundo interno? De hecho, ya hay quien dice que lo que ocurre dentro de nosotros creará lo que ocurre fuera, que hay que tener muy claro qué se quiere, pensar en ello, invertir energía, y lograremos que ocurra.
¿Qué es la Realidad? Yo aún no lo sé, pero… ¿y tú qué sabes?
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Que empiece la función

Me gustaría decir que esta será la última entrada que le dedique al tema “Papa”, pero lo mismo cuando venga y diga su discurso me hierve la sangre y escribo ocho seguidas. A saber.  Pero es que no puedo evitarlo, me sale por los poros.
La verdad es que últimamente le estoy dando vueltas a algunos temas, entre ellos la cuestión religiosa. Me resulta asombroso que sea algo tan visceral, tan primario, tan irracional y por supuesto que haya gente dispuesta a morir y a matar por defender su fe.
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Papa sí, pero…

Queridas lectoras y lectores, he vuelto. Hace un lustro que no escribo pero casualidades de la vida ha sido por falta de tiempo más que de inspiración. En este tiempo he estudiado, hecho los exámenes finales con buenos resultados y me he perdido quince días en el pirineo de Huesca de monitora voluntaria con un grupo de niños autistas, sin cobertura ni wifi.
Hace apenas 48 horas que regresé a la civilización y ando un poco desorientada aún, pero la verdad es que estoy muy bien.
Tras esta pequeña introducción sobre cómo va mi vida, vamos al tema.
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